Beneficios de la estimulación acuática para bebés.

Seguridad física y sobreviviencia:

El agua es un medio peligroso cuando no tenemos el conocimiento y la técnica adecuados para interactuar con ella. “Hay que aprender a nadar para salvar la vida”. Al entrar con sus bebés al agua, los padres aprenden a manejarlos de manera segura. Les permite sensibilizarse ante las posibilidades reales de sus hijos y a que ambos conozcan los riesgos que hay en ella así como los límites y cuidado que hay que tener para disfrutarla. Los bebés aprenden a tenerle respeto y a ser precavidos, mientras van desarrollando las habilidades natatorias adquiridas conforme a su nivel de desarrollo hasta alcanzar la autonomía.

Intelectuales:
Estudios científicos han demostrado que el ser humano nace con todas sus neuronas, pero con pocas conexiones entre ellas. La estimulación sensorial y el movimiento activo en edades tempranas favorece que se multipliquen esas conexiones y se desarrolle el cerebro. En los últimos años se habla también de que durante los primeros años, hay gran plasticidad en el cerebro; ésta permite que aunque haya áreas dañadas del cerebro, los axones buscan hacer conexiones con otras áreas, permitiendo desarrollar habilidades que aparentemente no podían desarrollarse.

Fisiológicos:

Se ha demostrado que los bebés que nadan son más saludables que los que no nadan:
• Su sistema inmunológico se refuerza.
• Mejora la capacidad cardiovascular.
• Aumenta la capacidad pulmonar al tener que bloquear la respiración para hacer inmersiones en el agua.
• Disminuyen las enfermedades respiratorias pues en albercas bien tratadas, se forma en la superficie una capa de oxígeno puro, que con el vapor de agua ofrece una hidroterapia.
• Se desarrolla mejor el aparato osteo muscular por la posibilidad de movimiento y masaje en el agua.
• Las características físicas del agua, evitan el impacto del movimiento sobre las articulaciones.
• Favorece la relajación.
• El ejercicio suave estimula su apetito y el sueño.

Las albercas con buen mantenimiento y bien supervisadas tienen muy pocos riesgos para la salud del bebé. Sus sistemas de filtración remueven eficientemente los sólidos indeseables mientras que el tratamiento químico mata los gérmenes y nivela el PH del agua.
El ejercicio en agua caliente (entre 27°C y 31°C) incrementa el aporte de sangre a los músculos, incrementa el consumo de oxígeno y reduce la tensión arterial, porque al haber menos gravedad, el esfuerzo del impulso cardíaco disminuye.
En este apartado relacionado con la salud, es importante dar especial atención a un aspecto que suele ser un freno importante para la natación del bebé: el oído. Generalmente los pediatras se resisten a aceptar la natación sobre todo para bebés menores de un año y no la promueven por la creencia de que el agua es dañina para los oídos. Al respecto, nosotros podemos decir que la única posibilidad de que el agua dañe los oídos sería por nadar en agua con presencia de microorganismos que al introducirse en los oídos, provoquen una infección a nivel del oído externo. Si se controla bien este aspecto de pureza de agua, todo lo demás resulta benéfico para la salud. De hecho, la humedad del ambiente evita la resequedad de mucosas tan frecuente en nuestra Ciudad de México, sobre todo entre los meses de octubre a mayo.
Ante la presencia de un cuadro gripal, habría que tomar ciertas precauciones sobre todo para evitar que la presencia de una infección se propague y empeore. Normalmente las gripas se adquieren o por enfriamiento o por contagio de un cuadro viral o infeccioso. Para el primer caso, el de enfriamiento, nosotros sugerimos que al terminar la clase, se enjuague, se seque y se abrigue muy bien al bebé y se mantenga así el tiempo que se requiera para recuperar bien su temperatura; nunca bañarlo al llegar a casa para no volverlo a enfriar. Si cuidamos esto, el bebé difícilmente se enfermará por introducirse al agua a temprana edad. En el caso de adquirir una gripa por cuestión viral o de contagio en las que los oídos se pueden inflamar, es conveniente suspender temporalmente la clase para evitar que la infección se propague, pues todos los conductos se encuentran conectados entre sí.
En conclusión, si somos cuidadosos en evitar enfriamientos y en nadar en agua tratada adecuadamente, la natación no implica ningún riesgo para la salud.

Psicomotrices:

En el medio acuático, los bebés están menos restringidos para moverse que afuera de ella, tanto por la diferencia en las condiciones de gravedad del agua como por su poca habilidad para sentarse o pararse. Así, el agua les ofrece amplias posibilidades de movimiento que no les proporciona el ámbito terrestre. El simple contacto con el agua más el masaje que ésta proporciona a toda la piel del cuerpo, resulta un estímulo complementario para el aspecto sensorial. Esto hace que el bebé tenga un sin número de experiencias que enriquecen su acervo motor:
• La presión armónica del agua sobre todo el cuerpo permite un trabajo de músculos sinergistas y antagonistas simultáneamente.
• El movimiento en el agua involucra todos los músculos estriados independientemente de la dominancia cerebral (diestra, siniestra).
• Dentro del agua hay menos restricción de movimiento por la disminución de la fuerza de gravedad, la flotación y la viscosidad del agua.
• Se fortalece el tono muscular, se trabaja el balance, el equilibrio y las diferentes posturas del cuerpo en un medio con características diferentes a las del medio terrestre en el que comúnmente se desenvuelve.
• Se refuerzan las nociones espaciales, de tiempo y de esquema corporal.
• Aprende a relajarse en cualquier posición.
• Mejora la coordinación motora.
• Prepara para habilidades futuras.

Psicológicos y afectivos:

Estar en contacto con el agua desde una temprana edad, en un ambiente cálido y en compañía de su principal fuente de seguridad, evita que se tenga una experiencia negativa que provoque en los bebés miedos que en muchas ocasiones son irreversibles.
Compartir la experiencia con sus padres en el agua, fortalece los lazos afectivos y brinda a los bebés una seguridad importante para el establecimiento de futuras relaciones. Es sabido que la afectividad juega un papel muy importante para el desarrollo de la seguridad y autoestima de cualquier persona. También sabemos que en los primeros meses de vida, el bebé percibe su cuerpo como parte del de su madre y del mundo que lo rodea. En esta etapa el niño no sabe usar simbolismos, simplemente reacciona de manera espontánea a diferentes estímulos, tanto externos como internos que solo la madre es capaz de interpretar dándoles un sentido.

“El bebé depende enteramente de la madre y ella cumple tres funciones básicamente:

1. Protege al niño de estímulos externos que lo perturban, por ejemplo, imponiendo reglas de silencio en el entorno, o cuidando la temperatura.
2. Apacigua la tensión nacida de los estímulos internos provocados por sus necesidades primarias como hambre y sueño.
3. Proporciona los estímulos necesarios para su desarrollo perceptivo y afectivo como son: contacto físico, caricias, miradas, palabras dulces, etc.” (Serrano, Ana)

Esta identificación íntima que une al bebé con su madre, ha sido abordada por muchos expertos en psicología (Spitz, Freud, Ajuriaguerra, Mahler, Bowlby, Ainsworth, From, etc.), quienes han hecho hincapié en que el adecuado manejo de esta etapa, es determinante para el desarrollo emocional de la persona. La madre, identificada con el bebé, percibe muy sutilmente sus necesidades y sus reacciones. Por su parte el bebé percibe, reconoce, el tono de voz, los gestos y el humor y disposiciones afectivas de su madre para con él.
El ambiente agradable y cálido del agua, en donde la mamá o el papá (fuente de seguridad del bebé), lo carga, manipula y abraza todo el tiempo, concentrando su atención en él, resulta un lugar privilegiado en donde se favorece esa intimidad con él o ella; se profundizan los lazos afectivos y las formas de comunicación al entablar un diálogo a través del contacto físico, visual y verbal. Asimismo, al flotar, el bebé mantiene al mismo nivel el contacto visual, permitiendo percibir la cara y expresión de sus padres desde diferentes perspectivas en una posición grata y relajada.
Este ambiente de seguridad es determinante para lograr la relajación del bebé, indispensable para disfrutar y desarrollar habilidades que le permitan conocer y dominar el agua. Acompañados por sus padres, los bebés fácilmente se adaptan a situaciones nuevas como la educación acuática ya que ellos no se preocupan tanto por dónde están sino con quién y qué tan cuidados están.
El proceso de separación e independencia con respecto de los padres es paulatino y no es lineal, se va dando lentamente. En el camino, hay momentos en los que el bebé se va despegando para conocer y relacionarse con el medio y con otras personas, pero sigue necesitando la presencia y acompañamiento de los padres que le brindan y refuerzan la seguridad en diferentes etapas. Podemos encontrar fases en las que aparentemente hay un retroceso en la socialización del bebé y de pronto vuelve a querer estar pegado a los padres. Es sumamente importante percibir y respetar estos momentos, reconociéndolos como necesidad por parte del bebé de volver a afianzar su seguridad para irse despegando cada vez más y no forzarlos a hacer cosas en las que se sienten nuevamente inseguros. Durante la natación, el bebé aprende a conocer el agua, un medio diferente al habitual. El dominio paulatino le da seguridad y autonomía, pero una autonomía responsable que le va ayudando a adquirir una noción real de sus posibilidades y limitaciones.
En resumen, la experiencia acuática de papá o mamá con el bebé proporciona a nivel afectivo los siguientes beneficios:

• Da seguridad a los papás en el manejo de sus hijos en el agua.
• Disminuye el miedo, por la seguridad que le transmiten los papás.
• Fortalece el lazo afectivo con papá o mamá.
• Se fortalece el desarrollo de competencias para establecer relación con otra persona: visión sustentada, afiliación, interacción e imitación
• Disminuye la angustia de separación.
• Favorece el contacto piel con piel.
• Favorece observación de los padres hacia sus hijos.
• Los padres aprenden a percibir emociones, conductas, actitudes de su bebé a través del lenguaje corporal.

En el aprendizaje

El agua permite al bebé ampliar su posibilidad de movimientos y hace que se atreva a investigar y a descubrir nuevas actividades para desarrollar así nuevas habilidades. El bebé aprende experimentando e interactuando con el medio; si nosotros brindamos un medio diferente en el que además vea y manipule un material variado y observe su comportamiento dentro del agua, ampliamos su aprendizaje y se estimula su desarrollo intelectual.
En el agua se sostiene al bebé, no hay necesidad de cargarlo porque dentro de ella, disminuye el peso corporal hasta en un 90 %. Esto aunado a la disminución de la fuerza de gravedad, permiten movimientos, posturas, sensaciones y juegos diferentes de los que se dan en tierra. Se privilegian los movimientos que desafían la gravedad: maromas, giros, brincos.

La experiencia del cuerpo y de diferentes objetos dentro del agua, permite aprender nociones físicas de flotación, propulsión, desplazamiento, equilibrio, ubicación espacial, resistencia, etc.

Por otra parte se puede estimular también su conciencia de ubicación de tiempo y espacio al experimentar con su propio cuerpo y cada una de sus partes, posturas, posiciones, conceptos como arriba-abajo, afuera-adentro, adelante-atrás, sumir-flotar, empezar-terminar, entre otras.

El hecho de estar en el agua prácticamente desnudos, ofrece la posibilidad de que a través del contacto piel con piel, ubiquen su cuerpo y cada una de sus partes, las nombren y reconozcan los movimientos que se pueden hacer con cada una de ellas. Aprenden a conocer su cuerpo a través de los sentidos: visual, auditivo, verbal, táctil y kinestésico (movimiento).

El uso de materiales y actividades variadas, permiten paralelamente desarrollar nociones lógico-matemáticas, al clasificar y agrupar a partir de
diferentes atributos como: color, forma, tamaño, campo semántico; hacer series; correspondencias, conjuntos, etc.

Trabajar con música, desarrolla en ellos nociones de ritmo, compás, entonación, vocabulario.

Para lograr todo lo anterior es importante que como adultos desarrollemos nuestra capacidad de observación para percibir e identificar los momentos adecuados de cada uno de los alumnos y descubrir, qué, cómo y cuándo proponer una situación de aprendizaje, de acuerdo al desarrollo, habilidades e intereses de cada uno de ellos.

¿Te gustó esta nota?