Haz de tu madre tu mejor amiga y vivirá feliz por muchos años más, dice la ciencia.

Las madres son lo mejor del mundo: nos conocen mejor que nadie más, saben dar los mejores consejos, siempre tienen la palabra justa en la boca, cocinan una deliciosa comida y nos hacen sentir como en casa en cualquier lugar. Si te sientes mal, sabes que puedes ir a darle una visita a mamá y todo estará mejor. Si necesitas ayuda con algo, sabes que puedes contar con su asistencia. Para algunas de nosotras, nuestras madres son nuestras mejores amigas. Siempre en los mejores momentos, sin dejarnos caer en los peores.

Con el paso del tiempo, puede que veas menos a la mujer que te dio la vida: el trabajo, la casa, la pareja y la vida social, incluso el hecho de que tú te conviertas en mamá, todas esas responsabilidades pueden ponerte en distancia con tu familia. Llamas a tu mamá cuando tienes tiempo, para averiguar cómo está y qué novedades hay en su vida. Pero eso quizá suceda menos frecuentemente de lo que tú y ella querrían.

Pasar más tiempo con tu mamá la hará vivir más: lo dice la ciencia

A medida que envejecemos, la vida se vuelve más tranquila y solitaria. Las personas mayores han asistido a suficientes funerales como para saber que son parte de la generación más longeva de la familia, que solo les quedan sus hijos y quizá sus parejas y sus hermanos. En la última etapa de la vida, muchas personas sufren de una soledad abrumadora.

Por eso, las personas mayores comienzan a valorar de otra manera sus vínculos con los amigos y la familia. «La necesidad que hemos tenido toda la vida de estar con la gente que nos conoce, que nos valora, que nos da felicidad, nunca se va», explica Barbara Moscowitz, geriatra y trabajadora social, para The New York Times. Pero sí cambia la manera en que nos relacionamos con ellos.

La manera en que priorizamos las relaciones sociales puede evolucionar: mientras las personas ven que el tiempo que les queda de vida se va acortando, descartan las relaciones superficiales para concentrarse en aquellas que encuentran como las más llenas de significado. Esto es lo que Laura Carstensen, psicóloga de la Universidad de Stanford, llama «selectividad socioemocional».

«Invierten más en las conexiones que les quedan. Optimizan las amistades, más que intentar maximizarlas», dice Gary Kennedy, director de psiquiatría geriátrica en el centro médico Montefiore, de Nueva York. Es posible que, a medida que pasan los años, tu madre quiera pasar más tiempo contigo, te extrañe más, valore más tu compañía. Y tú también valores más la suya.

La soledad en los adultos mayores se ha asociado, a través de numerosos estudios en psicología, con elevados niveles de estrés y enfermedades mentales como depresión. Es decir, se vincula con una peor calidad de vida. Para las madres (y para todas las personas mayores), estar acompañadas es un factor decisivo para lograr una buena calidad de vida.

En la tercera edad, los riesgos de salud de estar solo se ven aumentados por factores tanto biológicos como psicosociales. La pérdida de habilidades hace que la soledad se vuelva una inconveniencia contra la que hay que luchar día a día. En cuanto a las relaciones, se han vuelto más distantes desde que los hijos partieron de casa a hacer su vida y el resto de su vida social no es tan constante como en la juventud.

Por eso, cuando tengas algo de tiempo, marca el número de tu mamá. Invítala a cenar, o pásate por su casa. Hagan planes para ir al cine. Volver a conectar con tu madre tendrá beneficios para las dos. Podrán reír juntas por muchos años más.

Fuente: vix.com

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