Las tres razones por las que las madres que dan biberón merecen el mismo respeto que las que amamantan.

Durante mucho tiempo, y aún ahora, se ha luchado por normalizar la lactancia

Mientras tanto, mientras la lactancia se ha ido estableciendo como el alimento normal para los bebés (recordad que hace décadas no lo era, pues se consideraba mejor, o como mínimo igual, la leche artificial), las mujeres que dan biberón han ido sintiendo también miradas y recibiendo comentarios, reproches y opiniones que no han pedido.

Pues bien, aquí tenéis las tres razones por las que las madres que dan biberón merecen el mismo respeto que las que amamantan.

Un momento, ¿quién les dice nada?

No sé quién, pero se les dice. Es cierto que a veces se sienten ofendidas o molestas sin razón, y aquí lo hemos vivido cuando hemos publicado algún artículo que explicaba los efectos de la leche materna en el bebé para compararlos con la leche artificial y por ese simple hecho se han puesto a la defensiva (me han llegado a decir que no debería explicar las diferencias entre una leche y otra porque las madres que no dan el pecho se pueden sentir mal), pero eso no quiere decir que nadie les ofenda sin necesidad.

A veces es un desconocido, a veces es una amiga, a veces un familiar, a veces… y según el tacto que tengan pueden hacer daño, o como mínimo molestar. El otro día hablaba de los cuñados

Así que sí, hay gente que les dice, hay gente que les mira, hay gente que opina sobre ello, y todo sin que nadie les haya preguntado

Porque no sabemos por qué su bebé toma leche artificial

Hay mujeres que dan biberón a sus bebés desde el minuto cero y hay mujeres que dan biberón cuando ven que no tienen más remedio, cuando intentan amamantar y no va bien, cuando acuden al pediatra y el bebé llora y llora, cuando la báscula dice que el peso no aumenta, a pesar de haber estado dos o tres días dándole casi sin parar, sin descansar, sin casi dormir, porque apenas duerme y sigue llorando cuando crees que ha debido mamar un montón porque lleva más de dos horas al pecho.

Y llegas al punto que sientes que en vez de un bien le estás haciendo un mal terrible

Así que como no sabemos cuál de las dos situaciones es la que ha llevado a una mujer a darle a su hijo un biberón, es mejor estar callado y evitar meter la pata con comentarios tipo “igual no te esforzaste lo suficiente”, “pues para el bebé es peor”, etc.

Porque aunque sea una decisión personal, es su decisión

Os acabo de dejar dos ejemplos, una que no da el pecho porque no quiere y otra que lo intenta sin éxito. Muchos pensarán que la segunda tiene una justificación y merece más respeto por ello que la primera, pero no es así. Las dos tienen justificación, la primera no quiso, la segunda no pudo. Pero es que aunque la tengan, no tienen por qué dársela a nadie. No tienen por qué justificar su decisión como si fueran acusadas de algo y tuvieran que defenderse y convencer al otro de sus argumentos. Y menos aún si son los demás los que preguntan o atacan.

Respetar, y esto hay mucha gente que no lo entiende, es no meterte en lo que hacen los demás aun cuando no estás de acuerdo. Es decir, se puede hablar, se puede opinar, se puede argumentar, se puede debatir y se puede no compartir las decisiones de los demás (eso de “yo lo haría diferente”) y aún así se puede respetar: “yo lo haría diferente, pero respeto que tú lo hagas así”.

Porque el cómo alimentes no te hace mejor ni peor madre

Pongamos un ejemplo. Una mujer tiene un bebé al que da pecho durante más de un año, al que quiere con locura, con el que pasa mucho tiempo, compartiendo muchos momentos, jugando, hablándole mucho, divirtiéndose con él, etc. Una madre que disfruta de la maternidad y que hace que su bebé se sienta querido y atendido.

Pasan los años y tiene otro bebé al que intentar dar pecho como al primero, pero sin el mismo éxito: por el motivo que sea, que no viene al caso, no consigue amamantarle, como quería, pues le habría encantado repetir la experiencia, y en sustitución da biberón. A pesar de ello, a su segundo bebé también le quiere con locura, con él pasa mucho tiempo, compartiendo muchos momentos, jugando, hablándole mucho, divirtiéndose con él, etc. Una madre que disfruta de la maternidad y que hace que su bebé se sienta querido y atendido.

¿Era mejor madre cuando tuvo al primer bebé o es mejor madre ahora con el segundo? Porque probablemente sea igual de buena antes y ahora, y probablemente sea mejor incluso con el segundo por la experiencia que ha acumulado del primero.

¿Y si el orden fuera el inverso? ¿Y si primero hubiera dado biberón y luego el pecho, sería mejor madre porque ahora amamanta o porque simplemente tiene más experiencia? Pues de nuevo el alimento no sirve para determinar lo buena o mala madre que eres.

¿Y si cuando dio el biberón lo hizo porque quiso hacerlo así? Pues lo mismo, si ella quiso hacerlo así pero es una madre atenta que ama y atiende a sus hijos, no es peor madre que después, si con el segundo dio el pecho.

Respeto, y punto

Pero de todas maneras, es que el que una madre sea mejor o sea peor tampoco debería preocuparnos a menos que hubiera un maltrato o el bebé estuviera en algún tipo de peligro por omisión de cuidados (esto lo tenemos todos claro, ¿no?). Si hablamos de padres y madres que quieren a sus hijos, que son la mayoría, entonces debemos respetar todas las opciones y tener claro que no somos nadie para decir qué madre es buena, qué madre es mala, qué madre es mejor que nosotros y qué madre es peor. No, porque entonces entramos en el juego de la guerra de las madres, que no lleva a ninguna parte.

Unas atacan, las otras se defienden, discuten, y nadie da su brazo a torcer. El debate no es tal, sino un cúmulo de acusaciones, ataques y contraataques y en esas circunstancias nadie aprende.

Así que amamante o dé biberón, toda madre merece el mismo respeto y el mismo apoyo. Mirad la foto de arriba, la que encabeza la entrada, que nos ha cedido Jessica Byrum, y aseguradme, si os atrevéis, que esa madre no ama a su bebé. La tiene en brazos, la está abrazando y le da un beso en la mejilla mientras toma biberón. Qué diferente sería el mundo si en vez de mirar tanto por encima del hombro a las madres recientes estuviéramos ahí para apoyarlas con sus bebés, precisamente en el momento que más perdidas y vulnerables se sienten.

Fuente: bebesymas.com

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