Ser madre de una hija: Un vínculo para toda la vida.

El vínculo entre una madre y su hija es muy fuerte, para bien o para mal, es una relación que se mantiene a lo largo de la vida. Una madre no solo proporciona alimento y seguridad durante los primeros años de vida, sino que también le ofrece las primeras muestras de cariño y se convierte en su primer modelo de conducta en el mundo de la niña. Sin embargo, ahora la ciencia piensa que ese vínculo va más allá de lo meramente emocional y tiene ramificaciones más profundas incluso a nivel biológico.

El vínculo entre madre e hija bajo el prisma de la ciencia

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Stanford y publicado en la Journal of Neuroscience analizó el cerebro de distintos miembros de 35 familias con el objetivo de encontrar un factor hereditario que explicase la aparición de trastornos emocionales como la depresión o la ansiedad en los hijos.

Tras comparar las diferencias y similitudes entre los cerebros de madre e hijo, madre e hija, padre e hijo y padre e hija, los investigadores encontraron que en el cerebro de las madres e hijas el volumen de materia gris en algunas zonas encargadas de regular la respuesta emocional, como el sistema cortico-límbico, era muy similar. Esto significa que las hijas podrían heredar sus respuestas emocionales y parte de su personalidad de sus madres, lo cual explicaría por qué tienen una relación tan íntima y reaccionan de forma tan similar ante situaciones parecidas.

Además, un detalle interesante del estudio fue que los científicos solo encontraron este fenómeno al comparar el cerebro de las madres con el de sus hijas, ni siquiera en las madres con sus hijos varones, ni tampoco en los padres con sus hijos e hijas. Este descubrimiento desvela cuán especial es el vínculo que une a una madre con su hija, aunque no es el único estudio que avala esa estrecha relación.

Otra investigación, esta vez realizada en la Universidad de Montreal, descubrió que el cuidado materno, sobre todo durante los primeros meses de vida, es capaz de modificar la transcripción genética en los niños sin alterar la secuencia de su ADN. Esto significa que la relación con una madre tiene el poder de regular la expresión de determinados genes en sus hijos, sobre todo en el ámbito emocional. Sin embargo, lo interesante de los resultados de este estudio fue que una vez más se encontró que dichos efectos son más intensos de madre a hija.

La relación madre e hija más allá de la herencia genética

Más allá del legado genético, no podemos olvidar que el vínculo entre una madre y su hija también está basado en la relación que construyan desde la infancia. Una madre le transmite a su hija su forma de ver la vida, su experiencia y valores, le ayuda a lidiar con la adversidad que suele imponer su género y a encontrar soluciones a los problemas cotidianos porque a muchos de ellos ya ha tenido que enfrentarse en el pasado.

Por eso, en muchos casos la madre se convierta en la primera confidente y fuente de inspiración de su hija, quien seguirá su ejemplo, le pedirá consejo y buscará consuelo cuando sienta que nadie más la entiende en el mundo. Esta complicidad surge precisamente de ese entendimiento mutuo, de esa capacidad innata para comunicarse y ponerse una en el lugar de la otra y, a diferencia de otro tipo de relaciones es un vínculo que perdura para toda la vida.

Lo más importante, sin embargo, es ser consciente de que toda mujer lleva consigo las consecuencias de la relación con su madre, también cuando esta fue tóxica o problemática, por lo que es esencial que las madres comprendan que los vínculos que sanan y unen también pueden dejar profundas heridas difíciles de sanar.

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